Mi historia
Yo, mi madre y mi padre en un refugio en el Pirineo
Dicen que de pequeño ya andaba con ganas y decidido por los caminos del Pirineo. Iba de puntillas, ¡cómo queriendo ser el más "chulito" de la cordillera!
Mi relación con la montaña empezó de pequeño. Todos los veranos iba de vacaciones con mi familia desde Barcelona a los Pirineos. Cada año en un valle diferente, pero SIEMPRE EN LOS PIRINEOS.
Cuando ya era más mayorcito recuerdo aquella emoción cuando empezaba a ver aquellas montañas desde la ventana del coche. Con los cascos del discman en las orejas me ponía alguna canción de las discotecas del momento, tipo Chasis o Pont Aeri. Sí amigos y amigas, eran los años 90 y lo tengo que reconocer... la música máquina, con mucha adrenalina y llena de energía (eso lo tenemos que admitir), me acompañaba en el subidón que me producía ver aquellos majestuosos paisajes. El aire puro de los Pirineos me golpeaba la cara y empezaba a imaginar todas las aventuras que me esperaban.
Cuando hacíamos excursiones recuerdo que me gustaba andar rápido e ir avanzando a todo el mundo a quien me encontraba por el camino. Me sentía fuerte y valiente. Me daba la sensación de que los caminos por donde transitaba no tenían fin y que los valles y montañas que veía cuando subía una cima no se acababan nunca... Era la más pura EXPERIENCIA DE LIBERTAD. Esto es lo que de jovencito encontré en los Pirineos y esto es lo que me hizo volver más adelante.
Mi relación con la montaña empezó de pequeño. Todos los veranos iba de vacaciones con mi familia desde Barcelona a los Pirineos. Cada año en un valle diferente, pero SIEMPRE EN LOS PIRINEOS.
Cuando ya era más mayorcito recuerdo aquella emoción cuando empezaba a ver aquellas montañas desde la ventana del coche. Con los cascos del discman en las orejas me ponía alguna canción de las discotecas del momento, tipo Chasis o Pont Aeri. Sí amigos y amigas, eran los años 90 y lo tengo que reconocer... la música máquina, con mucha adrenalina y llena de energía (eso lo tenemos que admitir), me acompañaba en el subidón que me producía ver aquellos majestuosos paisajes. El aire puro de los Pirineos me golpeaba la cara y empezaba a imaginar todas las aventuras que me esperaban.
Cuando hacíamos excursiones recuerdo que me gustaba andar rápido e ir avanzando a todo el mundo a quien me encontraba por el camino. Me sentía fuerte y valiente. Me daba la sensación de que los caminos por donde transitaba no tenían fin y que los valles y montañas que veía cuando subía una cima no se acababan nunca... Era la más pura EXPERIENCIA DE LIBERTAD. Esto es lo que de jovencito encontré en los Pirineos y esto es lo que me hizo volver más adelante.
